04 abril 2006

...de las cenizas...

La mayoría de conjuntos creados a partir de vestigios de supergrupos, parecen condenados a lanzar un solo disco y desaparecer. A veces tenemos gratas excepciones.

Cuando Zack de la Rocha rompió relaciones con Tom Morello, Rage Against The Machine se tambaleó hasta caer, herido de muerte, justo cuando terminaba el segundo milenio. La relevancia de este grupo en el panorama musical está fuera de toda duda. El nuevo Metal norteamericano no podría ser entendido sin la influencia de estos 4 personajes, que revolucionaron el rock duro con su homónimo primer trabajo de 1992, uno de los discos más explosivos y espectaculares de los últimos 20 años, a mi parecer, con un nivel que nunca volvieron a alcanzar en el resto de su discografía.

Por otro lado, el desgaste de Soundgarden tras más de 10 años en la brecha era evidente. Chris Cornell –un músico con una enorme experiencia musical a sus espaldas– y compañía tomaron la sabia decisión de separarse, algo de lo cual deberían tomar nota muchos grandes grupos, dejando tras de sí un legado bastante memorable, y abandonando a la deriva a Pearl Jam, que seguía resistiéndose, y todavía lo hace, al fin de la era de Seattle y el Grunge, cuyo ocaso había presagiado el fallecimiento de Cobain.

Morello, Wilk y Timmy Commerford no se resignaron a desaparecer, demostrando el espíritu guerrero y rebelde del que tanto se vanagloriaban en sus composiciones. No tardaron en buscar con ahínco nuevo cantante, dejando atrás las composiciones en clave de rap de De la Rocha y arriesgándose con un cambio de estilo radical. Y tampoco tardó Cornell en interesarse por el proyecto, atraído por la propuesta valiente de los tres de Rage. Antes del año de la marcha de De la Rocha, Cornell entraba en el estudio de grabación y se entusiasmaba con el proyecto, allá por Mayo del 2001.

Acertadamente, el grupo dejó también atrás su antiguo nombre, reemplazándolo primero por Civilian, y poco después por Audioslave. Tras más de año y medio de trabajo de estudio, lo que demuestra la profesionalidad que había adquirido el experimento, y de superar una pequeña crisis de identidad de Cornell con su nueva banda, apareció en Noviembre de 2002 el primer disco de Audioslave, de nuevo homónimo.

Este trabajo, a pesar de no decepcionar por su gran calidad técnica, parecía un trabajo menor y algo desganado de Rage Against the Machine. Sin embargo, el exotismo que le concedía la voz de Cornell lo hacían especial, diferente. En cualquier caso, la influencia del cantante de Seattle quedaba reducida a, aparte de su voz, que cambiaba por completo el registro, convirtiendo a Audioslave en un grupo de rock, a reblandecer la genial furia característica del sonido Rage.

Aunque intentaban dejar claro desde un principio que continuaban en la senda de la rebeldía, pues su primer single llevaba el nombre del último gran jefe indio que murió libre e invicto, Cochise, con un contenido tan reivindicativo como siempre, el resto de temas se diluían a medio camino entre Soundgarden y RATM, sin llegar a nada concreto. Tómense por ejemplo I am the Highway o Getaway Car, canciones bastante vacías, que no emocionan en absoluto, y dan la sensación de ni siquiera intentarlo.

Sin embargo, a pesar de no ser lo esperado, el disco no desmerecía a sus creadores. Además del estupendo primer single, Cochise, el álbum nos brindaba la oportunidad de escuchar en ciertos momentos a una de las mejores voces del Rock ‘n Roll moderno completamente desatada, por ejemplo en Set it Off, de escuchar la guitarra de Morello relajada y sin distorsión en la mayor parte de la sorprendente balada Shadow on the Sun, y de escuchar una fusión más que aceptable de los dos estilos de origen del grupo en What You Are y Gasoline.

En Mayo de 2005, dos años y medio después, volvía el conjunto con Out of Exile, demostrando que habían aprendido de sus errores y que experimentaban una evolución que todos los seguidores de Soundgarden y RATM, entre los cuales me incluyo, esperaban. El disco buscaba dejar atrás precisamente esos dos nombres, y lo conseguía. Ya se podía nombrar sin rubor al grupo como Audioslave, sin recurrir a los orígenes de sus miembros. Si se pudiera recuperar la magia del sonido (que no las letras) de Led Zeppelin, Deep Purple o Bad Company y adaptarla a un sonido bastante más moderno, da la sensación de que sería parecido a esto. El grupo suena con estilo, rockero, contundente, pero también personal, profundo en ocasiones. Morello intenta complicarse la vida con rapidísimos y complicados solos de guitarra, de los que consigue salir airoso. Wilk no pierde el tipo en la batería y Commerford da la sensación de haber contribuido de manera muy significativa al sonido de estudio. Y por supuesto, todos ellos se guían con la luz del faro que supone la arrolladora presencia de Cornell, que se convierte en líder (casi) indiscutible, con unas letras bastante más meritorias que tres años atrás, dejando atrás gran parte del estilo reivindicativo de RATM, y con una de las mejores actuaciones de su carrera, que ya es decir.

De nuevo, posiblemente la canción más potente y virtuosa del disco es la que lo abre, Your Time Has Come, con un sonido Rock ‘n Roll realmente gratificante y añorado en el anterior disco. Pero es que después viene Out of Exile, con un estupendo alarde en el registro vocal de Cornell y una batería muy lograda. Y todavía hay más: su primer single, Be Yourself, supera con creces a cualquiera de las baladas que intentaron en su anterior trabajo, bastante fallidas por otro lado, y muestra a Morello cómodamente enmarañado en su composición. Tras la simpática Doesn’t Remind Me (esta sí que es genuina Led Zeppelin), llega una furiosa Drown Me Slowly, que estalla como una bomba tras su engañoso comienzo, y en donde el virtuosismo se comparte entre Morello y Commerford, completando el quinteto inicial del disco, que suena simplemente magistral.

El resto del album todavía tiene algunas joyas como The Worm, Man or Animal, y, sobre todo, Dandelion. Su gran virtud es mantener un sonido muy propio e inconfundible, que a mi parecer es lo que convierte a un grupo en fuera de serie. En resumen, un gran disco que cumple y en ocasiones supera las expectativas, pero que, y esto me parece lo mejor de todo, me deja con la deliciosa sensación de que todavía no ha agotado la originalidad de Audioslave, de que en el próximo disco podemos todavía esperar algo aún mejor.

Se rumorea que ese momento está realmente cercano, cuestión de no más de 3 meses… esperaremos ansiosos.


2 comentarios:

Giskard dijo...

Te lo has currado... me gusta mucho el toque profesional que le das a tus posts.

Anónimo dijo...

Para mi el mejor tema es "I am the highway" y no coincido con algunas cosas que dijiste, pero opiniones son opiniones.