La triste historia de Ezequiel, para siempre maldito:
Ezequiel, fue un gran error tan sólo regresar. Era pronto y a la gente le cuesta olvidar... [...]
Ezequiel contempla el agua con un rictus de horror. En su rostro encuentra el rostro de la maldición. Llega al fondo de sus ojos, donde ya no hay luz. Puede ver su alma y continúa más al fondo aún...
Toma conciencia del mal y su grito suena igual que el de un hombre roto que descubre dentro al animal... [...]
El supuesto experimento de dos de los pesos pesados nacionales tiene un claro vencedor. Bunbury & Vegas, El tiempo de las cerezas, veinte canciones, diez cada uno, en rigurosos turnos alternados. En un principio, se espera la gravedad de Vegas y el gamberrismo de Bunbury, pero éste último patina. Mientras que a Nacho Vegas la presencia de Bunbury le conduce a una evolución instrumental muy apreciable, al segundo la jugada le sale mediocre. Aún así, el maño tiene sus grandes momentos, como El callejón sin salida, Látex o En la espina dorsal del universo; porque, eso sí, cuando se pone, lo borda. El tedio se apodera del resto de los temas del showman, con letras muy enrevesadas que no consiguen transmitir mucho, además de poca originalidad en su música. Recuerda demasiado a El viaje a ninguna parte, viaje del que todavía no parece haber regresado. El asturiano más indie se desata con un estilo más agresivo; tan pesimista como siempre, pero con un ritmo más vivo y más mala leche. Realiza un trabajo estupendo: una composición vocal sobresaliente, con unos estribillos tremendamente efectivos, por esta vez sin someter la instrumentación a la lírica, sino mucho más complementadas. Todas sus canciones tienen algo de esa magia que le falta a las del de Zaragoza. Muy curiosa Montenegra, con un estilo que recuerda a Yann Tiersen. También a destacar Días extraños, El cazador y una sobrecogedora Bravo (la original es del yucateco Luís Demetrio). Notable alto para Nacho. Enrique aprueba por los pelos.